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    Este pasado verano, estando yo en un pueblo costero tomando algo en una terraza con mi familia, vimos aparecer poco a poco unas cabezas emergiendo del agua. Aquello me fascinó. Un grupo de buzos de IDEA, que más tarde conocería, estaban preparándose para sacar la titulación de Open Water Diver. Llevaba algún tiempo con la idea en la cabeza, pero nunca me había decidido; era parte de aquellas cosas que dejas en la lista de "cosas por hacer" y que nunca acabas por llevar a cabo. Pues bien, ese era el momento, estaba en un pueblo costero, con tiempo libre, un establecimiento de IDEA a unos metros de distancia, y sobre todo, mucho entusiasmo.

Al día siguiente ya estaba hablando con mi instructor (Juan Carlos, del centro que hay en el Puertito de Güimar, en Tenerife) para detallar cual iba a ser el desarrollo de las clases, y los requerimientos. Una vez terminado el papeleo, empecé una semana de estudio (muy ligero, por cierto) en la que aprendí los conocimientos, justos y necesarios, para poder hacer un buceo seguro y tranquilo. Pero como todo buen buceador de corazón, el agua me estaba llamando a gritos, y finalmente llegó la hora del chapuceo. Pasé las pruebas de natación y ejercicios en la piscina  sin problemas (qué decepción, pues creí que íbamos a empezar a sumergirnos en la mar al fin...). Al día siguiente, nada mas llegar al club, ya nos estaban esperando con todo el material dispuesto. Nos vestimos tal y como nos habían instruido, y una vez con todo el equipo montado, nos dirigimos hacia el puerto entre las miradas atónitas y expectantes de los clientes de las terrazas que tenían los bares del Puertito. Recuerdo que alguien sentado nos gritó algo como "¡traedme un centollo!", mientras sorteábamos las mesas de la terraza del ultimo bar. Me hizo gracia, puesto que el buen hombre seguro que no sabía que los buceadores jamás pescamos (¡por la cuenta que nos trae!).

Llegamos a una pequeña playa pedrosa, un pequeño puerto, donde comenzamos a bajar hasta llegar a la línea donde comenzaba la mar. Allí, nuestro instructor nos fue metiendo, uno a uno, en el agua, llevándonos hasta donde estaban sus dos ayudantes (otro instructor, y un divemaster). Salvando los detalles, os diré que el ambiente que se respiraba allí, era indescriptible. Los instructores estaban de muy buen humor, pues sabían que esto es una experiencia irrepetible, y nosotros estábamos de mejor humor, si cabe, puesto que estábamos deseosos de poder vivir la experiencia que tanto habíamos soñado. Así que, comenzamos a sacar aire del jacket, y nos empezamos a sumergir. Llegamos a pocos metros de profundidad, y mirando hacia arriba, se podían ver los pies de los niños jugando en la superficie del agua. Es curioso cual diferente es el mundo, con un pequeño cambio de perspectiva. Los ejercicios prácticos se sucedían uno a uno, sin mayor dificultad, y el tiempo se pasaba volando. Tanto es así, que cuando me di cuenta ya habíamos terminado, y estábamos dando una pequeña vuelta por la zona. Yo me quedaba pasmado viendo un pez pequeñajo, mientras no paraba de llamar al instructor para que viera lo que estaba viendo... vamos, como un niño pequeño. Un poco mas y me tienen que sacar de ahí con una grúa.

Al día siguiente nos dirigimos a una playa llamada "Playa Paraíso", situada en el sur de Tenerife. Ya solo con el nombre, uno se puede imaginar lo que se va a encontrar. Íbamos unas 8 personas, y haríamos 2 inmersiones, antes y después de comer. En la primera inmersión, habíamos planeado ir nadando hasta cierto punto cercano a la costa, para luego sumergirnos e ir a ver ciertos puntos interesantes, como un ancla de un barco antiguo, unas mantas, y morenas. Nos metimos en el agua, y nos sumergimos en la zona indicada. Allí nos quedamos unos cuantos esperando que llegaran los demás, apoyados de rodillas en el fondo. Cual fue mi sorpresa cuando de repente noto que algo tira de mi brazo derecho hacia arriba de forma decidida. Giré la cabeza, y me encontré con que un pescador me había enganchado la manga de neopreno con un anzuelo, y estaba tirando de mi hacia arriba (¿un pescador? si señores, un pescador). Como acto instintivo de novato, volví la cabeza hacia el instructor para darle un grito... pero como todos sabemos hacer esto es un tanto *inútil* y por desgracia el instructor me estaba dando la espalda. En ese momento, alcancé el cuchillo, y logré cortar el nylon. Me acerqué al instructor, le di un par de toques en el hombro, y le enseñé el anzuelo. Lo quitamos con cuidado para no dañar el traje, y nos alejamos de la zona para continuar con nuestro recorrido. Al salir, le dijimos algunas metáforas floridas al pescador por pescar donde no debe... Aunque tuve experiencias no muy agradables, el balance final es positivo con creces, y desde entonces tengo una gran pasión por algo tan hermoso como el buceo, y el mundo submarino. Sin duda es una actividad que no solo desarrolla aptitudes físicas, sino que te enriquece culturalmente, y como persona, además de permitir que compartas experiencias inolvidables con tus compañeros.

FRAN

  



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Para Galerna 09-10-02.

Gracias Fran por tu artículo y definir tu experiencia