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LANZAROTE, HIJA DE LA MAR Y EL FUEGO

 

La Isla de Lanzarote, forjada por la titánica entre el fuego de los volcanes que le dieron origen y la inmensidad del Atlántico, es sin duda un lugar que no defraudará al viajero en busca de buenos fondos y paisajes únicos.

Cuando se visita una isla volcánica es difícil evitar que nuestra imaginación vuele hacia el remoto pasado geológico en el que se formó la superficie de la tierra que habitamos. La contemplación de las coladas volcánicas, los ríos de lava solidificados o los valles formados por acúmulos de ceniza son un testimonio evocador del fantástico espectáculo que los originó y nos valen como muestra para hacernos una idea de cómo debió ser la colosal fuerza generadora que modeló nuestro planeta en el principio de los tiempos. 
                             

                              Cientos de bocas volcánicas pueblan la isla de
                              Lanzarote como mudos testigos de su origen.

 

Hijas del fuego
La propia génesis volcánica hace que cada isla que se forma por su acción sea distinta a las otras, aún incluso cuando un grupo de ellas formen un mismo archipiélago.
Un excelente ejemplo de esto lo constituyen las Canarias. Basta haber visitado varias de estas afortunadas islas para, sin dejar de evidenciarse en cada una de ellas su ígneo asado, darse cuenta de cada una tiene su personalidad propia. Abruptas, recubiertas de vegetación, con huellas de erupciones recientes o de hace miles de años todas poseen sus señas de identidad propias.

Lanzarote no podía ser una excepción.

Territorio volcánico en estado puro con una altura inferior a la de Tenerife o El Hierro el clima de Lanzarote es mucho más seco lo que se manifiesta en la aridez de su paisaje carente de la diversidad climática de sus hermanas. A cambio, sus paisajes volcánicos son sencillamente impresionantes.
Lanzarote sufrió en el siglo XVIII una formidable erupción que duró varios años y que aumentó sensiblemente la superficie de la isla tras sepultar varios poblados y cultivos. Fruto de esta catástrofe natural la isla más oriental de las Canarias posee hoy una gran extensión de coladas lávicas que configuran uno de los parajes volcánicos más subyugantes del planeta alcanzando su punto álgido en el parque natural de Timanfaya. En las cercanías de este auténtico templo del fuego de la Tierra cuyo calor natural se usa para cocinar en el restaurante del centro de interpretación del parque,  “Los Hervideros” han quedado como pétreo testigo de lo que fue el formidable encuentro de las corrientes
incandescentes de lava con las aguas del Océano Atlántico dando lugar a su abrupta orilla que continua bajo el agua hasta los abismos marinos.

La Graciosa, un islote al norte de Lanzarote, ofrece una bonita panorámica desde el Mirador del Río.

Playas de arena negra producto de la disgregación de las rocas volcánicas confieren un hálito muy peculiar a las costas lanzaroteñas.

Por la noche los crustáceos son las estrellas indiscutibles. Tampoco faltan los pecios para dar aún más variedad a las inmersiones. El torpedo eléctrico se suele disimular enterrándose parcialmente en la arena.

Un fondo singular
Esta peculiar formación confiere al fondo un encanto especial por lo poco usual de su orografía, permitiendo que muchas de las mejores inmersiones se puedan hacer sin necesidad de embarcaciones alcanzando profundidades respetables a muy pocos metros de la orilla.Si en tierra firme el poblamiento vivo tarda muchos años en establecerse sobre un sustrato “nuevo”, como es el volcánico, afortunadamente para los buceadores en el mar no sucede así.De esta forma los fondos lanzaroteños, al igual que el resto de sus compañeras de archipiélago, muestran una enorme y peculiar variedad de formas vivas poblando un escenario geológicamente singular al que sólo se le puede poner el pero de un moderado deterioro debido la evidente huella de la acción humana. Pero a pesar de esto las inmersiones en Lanzarote no defraudan en absoluto.

De todo un poco
Si previamente hemos buceado en El Hierro y queremos hacer odiosas comparaciones quizás echemos de menos el exuberante recubrimiento algar y de invertebrados de los fondos herreños pero esto se verá compensado por la variedad de fauna vágil que habita en estas aguas.No nos será difícil ver mantelinas, chuchos, torpedos, angelotes y otros escualos como invitados estrella en nuestras inmersiones acompañando a la fauna habitual propia de este ecosistema, como viejas, pejeperros, pejeverdes etc todo ello sin olvidar a los numerosos invertebrados que recubren gran
parte de las rocas. Mención aparte merecen las nocturnas en donde los crustáceos toman el papel protagonista por derecho propio mientras la mayoría de los peces duermen plácidamente.
Para que todo ello sea aún más atractivo la temperatura del agua se mantiene prácticamente constante durante todo el año, rondando los 20 grados, lo que permite no tener que recurrir a trajes semisecos ni secos. El buen clima exterior completará el cuadro haciendo que disfrutemos al máximo de las excursiones “terrestres”.

Fauna submarina abundante, fondos geológicamente espectaculares y un paisaje exterior único, todo ello acompañado por un bonancible clima, hacen que Lanzarote sea un destino a poner en la agenda para las próximas vacaciones.